De la rumiación a las crisis de angustia
Cuando no logramos regular el miedo, pueden aparecer ataques de pánico o el desarrollo de fobias específicas que limitan nuestra autonomía. Este ciclo de hiperalerta suele acompañarse de insomnio, ya que la mente es incapaz de desconectarse, perpetuando un estado de vulnerabilidad propio de diversos trastornos emocionales.